Principio (parte dos)
-No me dejes, Gauna- Sollozo angustiada. Se olía el miedo que tenia de sentirse sola.
· En el pecho sentí un golpe húmedo, que paulatinamente comenzó a recorrerme. El corazón se me estremeció al imaginarte así…
· “No me dejes, Gauna”, imploraste. Tus ojos desorbitados miraban con locura, deseando que todo fuera mentira. Tu vestido celeste ya no era angelical pero aun así, con la sangre, el barro, el humo, las lágrimas y los gritos, aun así te veías hermosa.
Pero tu voz era inquietante, no me dejaba tranquilo. Y todo parecía suceder en cámara lenta…
· No me dejes, Gauna- Le suplicaste al cadáver. Tus mejillas empapadas de de lágrimas y tus ojos que rogaban que no fuera cierto. Lo abrazaste, lo liberaste suavemente y mirando desesperada me dijiste:”No me dejes, Gauna” Y a partir de ahí me sentí un abismo a mi alrededor.
· Te miré ignorando que tu alma se volvía a sentir perdida. Sólo quería saber por qué, Isabela, no eres mía. Por qué en los meses siguientes seguiste suplicando en sueños. Por qué te despertabas entre sollozos y lamentaciones.
No me dejaste en paz. Me dolía verte así: No lo quisiste, yo tampoco, pero sucedió.
· ¿Por qué Gauna? Lo pensé tantas veces…
A veces siento un eco de voces que lo repiten también. A veces lo siento mío, como si me perteneciera.
No sé, no entiendo. Siento que mi vida no es mi vida. No supe que era aquello que no tenía
Tampoco supe de donde saliste. Y no lo había pensado, pero te puse un nombre.
Evoqué a mi memoria, pero no te pude recordar.
¿Isabela, dónde estás?
La oscuridad te invoca, te hace presente…
¿Eras? ¿Fuiste? ¿O aún sos?
Los gritos que pueblan mi alma, sentí que te acompañaban esos días…
Los días naranjas dibujan tu imagen maternal, y siento que así, fuiste mía.
· Entonces un día te soñé de nuevo:
-No me dejes, Gauna- Repetías mirando hacia adentro. Luego me abrazaste. Te aferraste a mí como a una esperanza. Tus ojos parecían vacios, aunque lo intentabas disimular.
· El lugar era sucio y naranja. Parecía abandonado. Por momentos se oían gritos. Entonces vos me sujetabas con más fuerza, como intentando que no escuchara. Sentía como tu cuerpo débil temblaba y se mecía para contenernos…
-No nos dejes, Gauna- Le oraste. Quise decirte algo, pero sólo logré reír. Tus ojos se volvieron dulces por un momento y me miraban con ternura, desde arriba.
· ¡No me dejes, Gauna! Escuché que gritaban tus ojos mientras estirabas la mano para no separarte de mí. Te agarraron por la cintura y te arrojaron al camión. Otros me llevaban en brazos, lejos de vos.
· Lejos de vos, de mi memoria, de todo.
· Pero lo vencí, porque aunque me digan Liberman, aún soy Gauna.
Valeria Liz C. Gómez
On April 14 2010
Edit